De qué hablamos cuando en odontología decimos maloclusión

maloclusión

Al margen de su perjuicio estético, la maloclusión es un trastorno más común de lo que crees. Por suerte, detectarla temprano facilita el buen curso del tratamiento y esquiva las complicaciones. Si te interesa saber más sobre los factores de riesgo o las soluciones odontológicas para la malposición dentaria, estás en el lugar adecuado.

[ultimate_heading main_heading=»Por qué necesito corregir la maloclusión» main_heading_color=»#f28341″ alignment=»left» main_heading_margin=»margin-bottom:15px;»][/ultimate_heading]

Se produce cuando las mandíbulas no encajan correctamente o los dientes están mal alineados. Si tienes estos problemas, tus dientes no podrán ejercer la fuerza para masticar de forma homogénea, lo que acelerará su desgaste y sobrepresionará los maxilares.

En los niños, es habitual que las mandíbulas sean pequeñas para albergar los 32 dientes y desaparezca el espacio interdental necesario. Otra situación recurrente es que el primer molar inferior se sitúe retrasado, lo que da la impresión de que el niño posee unos incisivos prominentes y una barbilla retraída.

Ten en cuenta que, cuando la alineación dentaria es correcta y la mordida es la fisiológica, las mejillas y los labios están protegidos de ser mordidos mientras que los dientes inferiores salvaguardan la lengua.

Ya sea debido al apiñamiento, a una sobremordida o a la mordida abierta o cruzada, este encaje anómalo entraña multitud de inconvenientes:

  • Dificultades funcionales para masticar, deglutir, hablar o limpiarse los dientes.
  • Predispone a enfermedades dentales como la gingivitis, caries o periodontitis.
  • Daña la articulación temporomandibular. Si padeces dolores de cabeza con regularidad, puede ser sintomático de sobrecarga en la mandíbula.
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[ultimate_heading main_heading=»No siempre la genética es culpable» main_heading_color=»#f28341″ alignment=»left» main_heading_margin=»margin-bottom:15px;»][/ultimate_heading]

Aunque sabemos que los antecedentes familiares de malformaciones craneales o patologías dentales tienen gran preeminencia, existen otros desencadenantes a considerar:

  • Defectos congénitos, como el labio leporino o paladar hendido.
  • Enfermedades como el raquitismo, hipotiroidismo o cáncer de boca.
  • Malos hábitos adquiridos en la niñez, como abusar del chupete, chuparse el dedo o morder lápices a todas horas.
  • Bruxismo, deglución atípica o respiración oral. Algunos niños pueden necesitar la intervención de un logopeda para superar estos vicios.
  • Coronas, empastes, prótesis o correctores mal ajustados.
  • Mala alineación de los maxilares tras una fractura.
[ultimate_heading main_heading=»La prevención siempre es el mejor tratamiento» main_heading_color=»#f28341″ alignment=»left» main_heading_margin=»margin-bottom:15px;»][/ultimate_heading]

La correcta higiene bucal y no postergar las revisiones odontológicas permitirán que, en caso de maloclusión, el procedimiento te resulte más sencillo y no requieras cirugía.

Con los niños, te recomendamos realizar la primera revisión al cumplir el primer año de vida; y, a los 7, acudir al ortodoncista.

En la actualidad, el tratamiento de ortodoncia destinado a revertir la maloclusión contempla:

  • Los brackets metálicos, de colores o linguales, imperceptibles al estar ajustados en la cara interna del diente.
  • Los correctores removibles, como retenedores y expansores del paladar.
  • La ortodoncia invisible, muy popular por su discreción y comodidad.

Como ves, la maloclusión, aunque en distinto grado, está muy presente. Recuerda practicar estos pequeños gestos para contribuir a prolongar la salud de tu boca.